El suelo está frío. Abrazo mis rodillas y hundo un poco mi cabeza por debajo de mis brazos para aumentar mi sensación de calor. Estar desnudo en un callejón que no sabe de donde viene ni adónde va es una situación muy fría. Mi piel pálida contrasta con las baldosas sucias y negruzcas que intentan cubrir sin éxito uno de los lugares de la ciudad donde la sangre y el metal de las navajas harían mejor la función de las baldosas.
Pocas personas transitan este sitio, así que podría decirse que estoy más o menos a salvo, pero teniendo en cuenta que todas y cada una de las figuras que circulan por aquí son altas, lúgubres, reservadas y de una mirada tan hostil que deja adivinar el grado de peligro del arma que esconden en alguna parte de sus anónimos ropajes. Uno puede encontrarse toda clase de ciudadano, desde el pobre diablo que se acaba de iniciar en la droga del asesinato hasta el alto ejecutivo que pavimenta con billetes su paseo por el reino de la muerte para mantenerse a salvo de las llamas, hasta llegar a su ambiciosa meta, cualquiera que esta sea.
Aquí el negro es la bandera que une a unos y a otros, el único código de color que da a entender quién está dentro y quién está fuera. Así es muy fácil que te reconozcan, cuando tu único cascarón es una piel débil y del color de la guadaña.
Todos andan rápidos y con paso firme. Todos andan ocupados y haciendo cosas. Todos se saben fuertes y con recursos, todos tienen un lugar adonde ir. Todos tienen algo adonde acogerse cuando surge algún problema. Pero aquí estoy yo, sólo e impotente. Sólo soy un niño de 8 años que no sabe cómo ha llegado hasta aquí, que no sabe adonde ir ni qué hacer, si es que puedo hacer algo. Indefenso e impotente, conozco bien las virtudes y defectos de cada forma o color que deambula por estos lares, he visto sus artimañas y cómo se contrarrestan.
Pero yo no puedo hacer nada, por mucho tiempo que pase aquí, yo permanezco igual de indefenso. Nunca me he movido de aquí, ni creo que lo haga. Me he mantenido en estas baldosas durante tanto tiempo que mi memoria no alcanza a recordar. He estado tanto tiempo sin poder moverme que mis músculos se han marchitado hasta límites insospechados. La fuerza de vida me rehuye porque soy como un alma que habita entre mundos.
Heil, Trump!
5 days ago