Quisiera dedicar esta entrada a Gerardo, Miguel, Miguel A. R. G., Inés, Isabel R. S., Álex, May, David e Ingrid A. R., por haber soportado mis charlas y haberme intentado ayudar y aconsejar. Todos me habéis ayudado a comprender poco a poco lo que aquí se lee, que en definitiva, no es poco. Muchas gracias por haber estado ahí y tener tanta paciencia conmigo. Os quiero mucho.
Creo que todos tenemos esta habilidad en cierta medida, pero por suerte para muchos, cuando se tiene una autoestima y una identidad fuertes, no afecta demasiado en tu desarrollo normal, es esa identidad la que te suele causar problemas más bien. Sin embargo, cuando uno tiene una gran capacidad para absorber las emociones de los demás, y además tiende a centrarse mucho en los demás y, por si fuera poco, tiene una identidad y autoestima poco desarrolladas y ejercitadas, esta habilidad se convierte en un calvario. Uno que, generalmente, cuesta mucho de identificar y de aprender a manejar.
Para que la gente que no sabe a lo que me estoy refiriendo y aquellos que pueden sufrir lo mismo sin saberlo (que son más de los que pensamos) entiendan de lo que hablo, voy a describir en qué consiste y cuáles son las consecuencias en base a mis experiencias.
A menudo oímos hablar de la importancia de ponerse en la piel (o en los zapatos, según de donde vengas) de los demás. Todos tenemos la capacidad de sentir lo que otras personas sienten en determinado momento, lo único que a menudo es tenue o no tan intenso como para que te cueste deshacerte de esa sensación y volver a lo que tú sentías anteriormente.
Como ocurre con todo, cuanto más lo practicas, mejor se te da. Esto se traduce en que sientes con mayor fuerza lo que otras personas sienten, lo bueno y lo malo, y con el tiempo... esto ocurre sin ni siquiera plantéartelo, sino que es espontáneo. Con aún más tiempo, cuando esto pasa, dejas de identificarlo como algo externo y piensas que eso que sientes proviene de ti, y es entonces cuando te pierdes. En ese momento, entras en un laberinto donde la única salida está cerrada con una llave que no recuerdas dónde la has dejado, porque ni siquiera recuerdas haber sido tú quien la ha cerrado.
Lo peor de todo es que la puerta no está cerrada a los sentimientos externos, y estos siguen llegando mientras que los primeros nunca se fueron. Esto hace que se vaya generando una montaña de sentimientos confusos para los que no existe una explicación aparente. Esta confusión te lleva a creer que eres quien no eres, a hacer lo que no harías en otras condiciones.
Obviamente, tiene su lado bueno, aunque no compensa, y es que también te alegras mucho más por los buenos sentimientos de los demás. Pero esto, a su vez, se convierte en otro laberinto sin salida aparente, porque los sentimientos positivos de los demás también se van acumulando en uno mismo, aunque no te pertenezcan, y entonces sientes alegrías y sentimientos positivos con estímulos a los que anteriormente no reaccionabas así. Y crees que algunos de estos estímulos son realmente cosas que te apasionan, de las que quieres saber más y más y a las que quieres dedicar más y más tiempo, cuando no es así.
Tampoco hay límite en el número de personas de las que puedes llegar a absorber emociones, aunque generalmente de las que más se suele absorber son las más cercanas sentimentalmente y a las que más ves, ya que el contacto también ayuda mucho. Sin embargo, si eres alguien que se suele relacionar con muchas personas constantemente o de manera superficial con una serie de personas todas distintas que tengan una característica en común, también te afecta en gran medida.
Todo esto te lleva a entrar en una dinámica que te aleja más y más de lo que tú eres. Te lleva lejísimos, a una zona remota que nunca habrías imaginado o deseado llegar, hasta que llega un punto en que algo en tu interior te avisa que has llegado demasiado lejos y que definitivamente no encaja con lo que tú eres, pero están tan lejos y has dejado de contactar con lo que tú eres por tanto tiempo que no sabes ni dónde estás, ni dónde está lo que tú eres ni cómo volver. Intentas gritar para que te saquen de donde estás pero nadie entiende tus gritos porque ni tú mismo te entiende. Y aunque lo hicieras, es poco probable que los demás te entendieran.
Con el tiempo te sientes frustrado, porque no has podido desarrollar lo que a ti te hubiera gustado; sientes que no sirves para nada, porque aquello que anhelabas no lo has conseguido, porque sólo has conseguido los éxitos de los "demás", y las alabanzas de los demás nunca te llenarán como lo podrían hacer las que te puedas dar a ti mismo, que no te las darás porque no has alcanzado "tus" metas, sino las de otros. Pero tú no sabes eso, simplemente sabes que no te sientes conforme y no sabes por qué, piensas que puede ser por muchas cosas menos por las que es.
Esto te lleva a la inacción, a que nada te haga sentir satisfecho porque no te encuentras contigo mismo en ningún momento. Tú no eres tú hagas lo que hagas, y la verdad, a nadie le gusta no ser uno mismo. Esta inacción, a su vez, te lleva a sentirte culpable por no hacer nada, por saber que tienes muchas cosas por hacer pero te falta el combustible, te falta la energía que te insufla el corazón cuando haces algo que, de una forma u otra, ves que quieres hacer o realmente te compensa hacer. Todo ello te genera una espiral descendente que te lleva al más crudo odio a ti mismo. Te encuentras cada vez peor, cada vez más enfermo, cada vez más inactivo, cada vez más culpable, con cada vez más malestar en todo momento.
Por si fuera poco, como te olvidas de ser tú mismo sin los demás porque son los que te rodean los que alimentan la máscara que crees ser, buscas estar con tus amigos o con tus familiares, para que te provean de eso que tú crees que eres, además de porque disfrutas de su compañía, claro. Pero, aunque parezca mentira, en el fondo disfrutas menos que antes, porque en el mismo acto de absorber de los demás, estás negando lo que eres y suprimiendo tus propios sentimientos, lo cual te impide disfrutar tanto del momento. Esta manera de relacionarte te lleva a hacer preguntas y realizar acciones que carecen a menudo de sentido o son repetitivas pero que tienen un fuerte componente de "demanda de energía". Esto también hace que te sientas mal contigo mismo.
De todas formas, aun cuando descubres que tienes esta capacidad, especialmente cuando realmente comprendes el alcance y las repercusiones de todo esto, te queda la tarea de desprenderte de todo lo que te sobra y regresar a ti mismo para después poder redirigir tu vida en la dirección que te dicta tu corazón, lo cual no es poca cosa, la verdad. Pero esto es prácticamente imposible si uno no averigua cómo dominar esta habilidad, porque entorpece tu camino constantemente, te distrae y te vuelve a llevar por donde has vuelto y tienes que empezar de nuevo.
Probablemente la clave esté en quererse a uno mismo incondicionalmente, en aceptarse tal cual uno es, en volver a apreciar la total soledad y valorar lo que uno realmente desea y ansía, equilibrando todo con esta habilidad para no volver a caer en extremos... Se aceptan ideas de toda clase.
Ya veremos lo que sale de todo esto...
(Gracias por leer hasta aquí)