Tanto nos aferramos a la ilusión de que somos seres sólidos, cerrados e impenetrables, inamovibles e independientes, y no nos damos cuenta de cómo de abiertos estamos a las corrientes del mundo. Y cada una de estas palabras tiene más peso del que parece, porque ocurre a pesar de que no siempre (o más bien casi nunca) nos demos cuenta.
Con el paso de los años, uno tiene el regalo de haber podido observar un mismo objeto, una situación o un ser de distintas formas y entonces te preguntas: ¿qué ha cambiado: eso de "ahí fuera" o tú mismo? Está claro que eres tú el que ha cambiado, pero si cambias, significa que no eres tan "sólido y cerrado" como pensabas, sino más bien líquido y cambiante. Y en este cambiar, uno deja espacio para lo nuevo, o lo que no éramos antes, que no es necesariamente nuevo, porque otras personas seguramente lo habrán percibido y/o incluído anteriormente.
A veces, esto mismo que nunca antes habíamos experimentado ya estaba ahí sin que lo reconociéramos, sólo estaba esperando el momento o algo concreto para surgir. Es este "algo" o "momento" lo que nos afecta, lo que se cuela por las ventanas de nuestro ser y nos modifica, aunque sin dejar de reconocer la responsabilidad que cada uno tiene para tomar las decisiones que toma.
Otras veces, es algo que ya estaba antes y conocíamos pero que ha ido madurando y perfeccionándose, puliéndose, a través de las experiencias, de las ideas y los sentimientos que incluimos en nuestro ser, en la constitución básica de nuestro alma. Y se ha pulido tanto que no nos damos cuenta de que es lo mismo, de que seguimos siendo nosotros mismos, pero enriquecidos.
A menudo, sin embargo, suele darse el caso en el que cierta parte de nuestro ser se ve herido porque nos autocastigamos por una energía que ha pasado cerca o incluso penetrado nuestro alma que nos hace sentir vulnerables por distintas razones. En estos casos no dejaremos de ser enriquecidos, porque tarde o temprano se nos presenta la ocasión de aceptar nuevos elementos en nuestro espíritu que nos permiten sanar la herida e ir más allá, aunque este cambio es mucho mayor y más difícil que si simplemente dejamos abiertas las puertas y dejamos entrar libremente lo que pase por ahí en ese momento.
Lo mejor de todo esto es que nos permite acceder a nuevas experiencias, nuevas situaciones y personas desconocidas que nos enriquecen aún más y nos invitan a empezar otras aventuras. Además, todo esto nos permite comprender y tolerar lo que antes no soportábamos, lo que nos enfurecía y nos parecía injusto. Esto es de tal modo que, al incorporar nuevas energías, al incrementar nuestro bagaje de experiencias y al abarcar una imagen del mundo más amplia, nos deshacemos de sentimientos que nos pesan, nos retienen y nos atan a situaciones o energías que se cuelan por nuestro ser y no nos dejan ver distintas realidades ni seguir explorando.
Mi sueño es reunir tal bagaje de sabiduría y conocimiento que sea capaz de discernir los innumerables sentimientos, situaciones y personas que circulan por mis alrededores cada día para identificar y evitar que aquellos que me retienen me afecten de verdad y empaparme cada vez más de los que me ensanchan el corazón y me ayudan a fluir con la vida. De este modo, quisiera poder aprender más y más sobre los ríos de vida que corren por el mundo.
Las aguas de estos ríos aclaran nuestra vista y nos permiten ver el amor que hay en cada gesto, en cada sonrisa, en cada acción, en cada palabra, en cada color, en cada forma, en cada brisa. Nos permiten echar una ojeada más o menos temporal al paraíso de cuando en cuando, sintiendo cómo es, qué hay en él y qué aire se respira, entre otras muchas cosas, según quién lo perciba.
Y es curioso que las cosas que perciba del paraíso cada uno son otros indicadores más que nos ayudan a conocernos aún mejor y reinician el ciclo de crecimiento y surgimiento de nuestro alma que he relatado más arriba.
Y así cada vez reconocemos en mayor grado el paraíso que tenemos a nuestro alrededor, porque todo nos parece más bello, navegamos mejor por los ríos de la vida y disfrutamos más. A menudo se suele asociar con esos momentos en que decimos que "la vida nos sonríe". En esta situación, aceptamos mejor las cosas, tal vez porque nuestro grado de "incomodidad" con nuestra vida es bajo a lo que es usual para nosotros y podemos asumir las cosas. Empezamos a pensar que la vida tiene mecanismos y métodos para hacernos felices, caminos para llegar hasta nosotros.
Y, si seguimos por ese camino y no nos desviamos, nos vamos dando cuenta de que nos parecemos a eso que vemos fuera, que somos capaces de sentir más amor y devolver un poco del que nos da el paraíso que vemos. Cuanto más agradecidos estamos, más queremos hacer por aquello o aquellos a los que estamos agradecidos. A menudo esto es simplemente reducido a la idea de que cuando se hace un favor, se lo debemos, pero en realidad creo que esta fórmula social es muy hueca en comparación con el sentimiento profundo de agradecimiento y la satisfacción de haber ayudado a quien nos ayudó antes.
Y nos damos cuenta de que somos lo mismo que lo que hay fuera, porque todo está hecho de lo mismo y somos uno con nuestro ambiente y somos espectadores activos de nuestra habilidad de hacer feliz a la gente que nos rodea igual que nuestro mundo es capaz de hacernos felices a nosotros. Entonces se inicia una espiral de ayuda mutua y cuando nos sucede algo que no nos parece beneficioso en un principio, queda una mayor posibilidad que antes para pensar de una manera lo suficientemente positiva como para resolverlo sin problemas y no perder esa actitud positiva y de agradecimiento hacia la vida.
Y luego vemos que el amor y la entrega que vemos fuera no es más ni menos que un reflejo de lo que tenemos dentro, que somos nosotros los que facilitamos que el mundo nos trate mejor, los que allanamos el camino para que los ríos de la vida inunden la nuestra con mayor facilidad. Y vemos que los ríos de la vida están por todas partes, que todo depende de saber abrir las compuertas. Nuestro amor hacia nosotros mismos se incrementa en gran medida y de la manera menos egoista posible, sino más bien de autoaceptación y estar a gusto con nosotros mismos.
Y de esta manera somos cada vez más capaces de hacer más fácil la vida de los que nos rodean y de aquellos que rodean a los que nos rodean.
Me gustaría haber aportado algo a quien ha leído esta entrada, vuestros comentarios son más que bienvenidos. ¡¡Besos para todos!!
Heil, Trump!
5 days ago