Tuesday, January 08, 2008

De cabeza a la vida

Un peldaño, primera parte

Ayer estuve hablando con alguien que me incitó a escribir una serie de ideas para mí, no para los demás. Aunque entendí por qué me lo decía, hoy parece que de verdad lo entiendo y considero obvio que así sea. A pesar de hacerlo para mí, quiero dedicárselo a ese alguien tan especial. Gracias a ese alguien ahora soy quien soy. Te quiero. ;)

Estamos tan acostumbrados a no saber qué o quiénes somos, que no tenemos ni idea de cómo lo vamos a descubrir ni fe en que ocurra. El caso es que por eso mismo nos creamos una imagen mental de nosotros mismos, intentamos adaptarnos a un ideal. En algunos casos, la gente cree que representa ese ideal pero no es consciente de la cantidad de diferencias que hay en realidad, no quiere verlas, las justifica o las malinterpreta.

En realidad, lo mejor es descubrir esas verdades que siempre formaron parte de nosotros y que no nos atrevemos a mantener y a defender por miedo y porque no es lo habitual. Es necesario informarse e investigar y preocuparse por ello. Son semillas que, si son mimadas, empiezan a crecer y a crecer y uno las reconoce como parte de uno mismo. Y es entonces cuando empieza a vivir la vida que uno mismo verdaderamente desea, porque está regida por las verdades que integra a uno mismo.

Obviamente, todo esto lleva mucho tiempo. Yo ahora tengo 21 años y sé que aún me queda mucho tiempo de estar aquí, pero es bueno ir descubriendo ya esas partes tan importantes de uno mismo. De momento, ya he descubierto algo que sé que siempre ha ido conmigo y que nunca lo he valorado lo suficiente y a menudo me he dejado llevar por la opinión general por falta de conocimiento sobre este tema de las verdades propias. Personalmente, creo que el descubrimiento de estas verdades es algo fundamental en la vida y que puede llevarte muy lejos.

Y aquí estoy, dispuesto a escribir sobre la primera verdad que he reconocido en mí mismo. Se trata de cómo encarar la vida, en general, a expensas de una persona o un aspecto de tu vida diaria.

Hay una creencia generalizada de que la vida es mala, que disfruta cebándose con las personas y que te trae siempre aquéllo que te puede hacer más daño para regocijarse viéndote sufrir. De hecho, muchas películas se encargan de mantener esta creencia, mostrándonos protagonistas que van de desgracia en desgracia, como si gente inconexa estuviera conchavada para hacer que sufra determinada persona contra la que no tienen nada personal. Claro, dicho así, está claro que tiene más pinta de paranoia que de realidad, pero...el caso es que es un pensamiento muy generalizado y la gente no se da cuenta de lo que significa realmente.

Suponiendo que esa teoría fuese verdad por un momento, ¿quién se encargaría de hacer que "la vida sea mala"? Está claro que no se puede demostrar con la ciencia actual la existencia de "algo" más allá de la vida diaria, que controle en cierto grado lo que suceda y por ello se podría decir que esa pregunta nadie la puede contestar, ni siquiera yo, que soy quien la formula a sabiendas. Pero, si nos pusiéramos a reflexionar...¿somos realmente conscientes de qué clase de ser o cosa tendría que ser que pudiera crear vida sólo con fines sádicos? ¿Para qué íbamos a tener buenos sentimientos? ¿Para sufrir más? Y si eso fuera así, ¿cómo es posible que haya gente con buenos sentimientos que realmente disfrute de la vida?

Fijémonos en un templo budista, en donde todos los monjes viven en armonía y paz y todos realizan aquello que más ansían: continuar su búsqueda espiritual y rendir ofrendas a los que admiran... no parece que la vida haga nada para hacerles sufrir, y no estoy diciendo que las cosas les vayan bien por su cara bonita ni que nunca tengan problemas, pero sí muchos menos que la mayoría.

Aunque ya sé lo que me diría cierto argentino respecto a "justificar" mis ideas, me parecía apropiado hacerlo para acercar mi enfoque a aquellos que no lo comparten y/o no lo comprenden.

Esto que voy a contar no es una creencia o un pensamiento filosófico adquirido con el tiempo, es un sentimiento que tengo desde que nací y que, a medida que he ido desarrollándome como persona, ha ido modificándose y ampliándose. Al principio, desde que era muy pequeño, sentía que la Vida y yo éramos aliados, que yo ayudaba a los demás a que sus vidas fuesen más fáciles y la Vida me daba lo que yo necesitaba para sobrevivir. Con el tiempo, yo he ido pasando por experiencias, me han ayudado y la Vida misma me ha traído lo que yo he ido necesitando, lo hubiera pedido o no, y mi relación con Ella ha cambiado. Si al principio era como una madre o una socia - hermana para mí, ahora es como una corriente de energía que está por todas partes y que fluye a través de nosotros y, al hacerlo, nos trae lo que nos sirve para ir evolucionando.

(Quiero recalcar que no estoy afirmando ni dictando sentencia, soy consciente de que es mi forma de verlo y de sentirlo, pero creo ya de por sí es mucho, porque no todos tienen la oportunidad de sentir algo así, aunque sea a su manera.)

La Vida nos conoce muy bien, está por todas partes, pero eso no significa que seamos vigilados, no es algo externo a nosotros que nos observa y nos juzga (así que podemos maldecir o tener pensamientos impuros con el vecino sin sentimiento de culpa), simplemente es una entidad formada por todos nosotros y que siente lo que nosotros sentimos y por el mismo hecho de sentirlo ya hace que venga a nosotros lo que necesitamos. Es como un mar de energía en el que estamos y no nos damos cuenta.

Esto no significa que la Vida nos traiga todo aquello que deseemos, hay veces que lo que necesitamos es lo último que deseamos pero que, en realidad, es lo que nos hace descubrir una verdad que, al reflexionar mínimamente sobre ella, nos hace sentir que era tan obvio que no comprendemos cómo no nos hemos dado cuenta antes, y yo creo que eso es como si ya lo supiéramos pero que lo hemos olvidado, a veces tengo esa sensación. Las verdades de las que hablo son tan evidentes que a menudo sentimos que siempre han estado en nosotros pero que algunas de ellas no las hemos querido aceptar y las hemos escondido o reprimido. Se trata de ser sincero contigo mismo, al fin y al cabo, esa práctica es la más sana que puedes tener para facilitarte la vida. Si no eres cómplice contigo mismo, ¿con quién lo vas a ser?

Y a su vez, retomando el tema con el que empezaba el texto, es una forma de conocerte mejor. Y al ir conociéndote mejor, vas comprendiendo qué cosas se te dan bien y cuáles no, y también evitas que nadie pueda acusarte de algo que no eres porque sabes que eso no encaja con cómo sientes y actúas. A su vez, conocerte te permite liberarte y dar rienda suelta a tus impulsos cuando se trata de realizar aquello que se te da bien. No necesitas seguir a pies juntillas una guía ni pedir consejo a nadie. Eso no significa que no tengas nada que aprender al respecto, ni que no se pueda refinar, pero tampoco te desviarás tanto como crees y a la larga ese tiempo estará aprovechado al máximo, te aportará algo como persona, por poco que sea, y nunca lamentarás ese tiempo de tu vida cuando mires hacia atrás, es como un tiempo aprovechado en todas sus posibilidades.

Para finalizar, recomiendo esta práctica de conocerse y aceptarse tal cual es porque, entre otros muchos beneficios, permite a uno ser más feliz, estresarse menos, conformarse con lo que tiene y lo libra de deseos materiales que nunca lograrán satisfacer ni la décima parte que satisface sentirse bien con uno mismo (una vez aprecias el mejor regalo que te puede dar la vida, que es tu cuerpo y la oportunidad de vivir en este mundo, ¿para qué más?).

Espero no haber resultado cansino ni difícil de leer o comprender, vuestros comentarios y dudas serán más que bien recibidos. Gracias por leer hasta el final. Hasta el próximo peldaño.