Yo quiero ser un primitivo que mira desconcertado el movimiento de las luces que iluminan la noche.
Yo quiero ser un indígena que se asombra al ver cómo se forma una lluvia en un día soleado.
Yo quiero ser un íbero atónito al presenciar una columna de luz golpeando el suelo en menos de un parpadeo.
Yo quiero ser un griego sobrecogido al ver los cambios de humor del agua.
Yo quiero ser un indio sorprendido al sentirse comprendido cuando habla con las plantas.
Yo quiero ser un isleño comprensivo al ver que su padre volcán escupe terrenos de lava sobre su rincón del planeta.
Yo quiero ser un egipcio que se siente padre de la cosecha que empieza a florecer.
Yo quiero ser un tibetano que llora al ver cómo una pequeña planta sobrevive incomprensiblemente bajo la nieve.
Yo quiero ser un niño nórdico que celebra la primavera aprendiendo a volar con los pájaros.
Yo quiero ser un anciano chamán que ve ir y venir a las personas, a las plantas, a los animales, a las nubes.
Yo quiero ser un romano que presencia la creciente tolerancia del cristianismo.
Yo quiero ser lo que no soy para disfrutar más de lo que soy.
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I want to be a primitive chaser that looks puzzled at the movements of lights that walk through the night sky.
I want to be a shocked Indian ranger watching how it quickly starts to rain despite the sunny weather.
I want to be a surprised Iberian craftsman seeing how a column of light hits the ground in less than a single blinking.
I want to be a startled Greek witnessing the changes of humour of water.
I want to be an amazed Hindi realising how well it feels to hold a conversation with plants.
I want to be an understanding islander when he sees his father, the Vulcan, spitting lands of lava over its planet corner.
I want to be an Egyptian that feels like the father of his harvest flowering.
I want to be a crying Tibetan seeing how a small plant incomprehensibly survives under the snow.
I want to be a Nordic child that celebrates spring learning how to fly with the birds.
I want to be an elder shaman watching people, plants, animals and clouds come and go.
I want to be a Roman that witnesses the growing tolerance towards Christendom.
I want to be what I am not in order to enjoy more what I am.
Monday, April 23, 2007
Yo quiero un imposible / I want something impossible
Publicado por
Pablo
en
8:49 AM
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Sunday, April 08, 2007
Historia de un alma / A story of a soul
Su cabeza reflejaba el astro rey que a menudo nos acompañaba. Sus ojos me permitían bañar mi espíritu en el mar purificador de sus pupilas. Su sonrisa y su mirada alegre parecían crear la música que siempre le rodeaba. Mis cuerpos dejaron de sentir la algodonosa nube en la que nos sentábamos y sólo percibían el aire resbalando a medida que se aproximaba el suelo. Cada vez le veía más pequeño. Poco antes de llegar, le perdí de vista y otras nubes lo escondieron. Desde abajo todo parecía tan inconmensurable...se comprendía la reverencia hacia mi hogar que se tiene desde ahí.
Ya tropecé con el suelo. Comencé a deambular. Todo parecía tan estrecho...¡y demasiado definido! No me acostumbraba a levantar la cabeza al principio y me tropezaba con todo lo que se ponía en mi camino...No lograba comprender cómo no se ahogaba la gente con los árboles tan cercanos entre ellos. Empecé a experimentar lo que se conocía como dolor. Tropiezos, resbalones, zarzas, mosquitos, serpientes, tigres...pero ésto sólo era la primera fase.
Cuando vi el final del bosque aproximarse a mi esencia creí que sería mi alivio, pero casi preferí quedarme dentro una vez hube salido. Tardé en acostumbrarme a las angustias y los miedos que los corazones y las cabezas de las personas me gritaban sin cesar. Complejos, dependencias, malas interpretaciones, orgullos, rabias contenidas, reproches y sobre todo: un gran desconocimiento de lo que es la vida.
Pero no me darían tregua, no, porque cuando sus odios más asfixiantes eran y yo más me acostumbraba a ellos me creía empecé a sufrir sus conflictos de otra manera igualmente directa. Sus miradas furtivas, sus reacciones de escándalo, sus murmuraciones, sus cambios de dirección para esquivarme, sus palabras de desprecio, sus tonos arrogantes y sus gritos me hacían naufragar en arenas movedizas.
Todas estas cosas me asombraron y me distrajeron tanto que llegué a olvidar aquello que era mi llave para abrir todas las puertas y recorrer los caminos más apropiados. Mi asombro llegó al máximo cuando descubrí una casa abandonada...en lo poco que quedaba en mi memoria de mi morada no recuerdo que hubiera algo así, ¿para qué sirve una casa abandonada? ¿Qué uso práctico tiene? ¿No les sería más útil reutilizar sus materiales en su beneficio?
La noche cayó y experimenté algo nuevo: el frío. Me dí cuenta de que necesitaba un lugar donde hospedarme y de que no me serviría cualquiera, porque mis cuerpos habían sufrido demasiado para hacer frente a las inclemencias del lugar. También recordé que nadie me hospedaría por motivos obvios, aunque no razonables. Sólo me quedaba hacer uso de la casucha deshabitada.
Me interné en el edificio de dos plantas, empedrado. Cuando subí las escaleras y vi una cama vieja pero utilizable, todo empezó a tener algo de sentido, pero aún no era suficiente, no era la hora. Me senté y lloré: por el dolor de los cortes y las contusiones que nadie había querido tratar, por el dolor de las angustias y los miedos que nadie había querido aclarar, por los castigos que ellos no se querían quitar. Con lágrimas en los ojos me acosté en aquella cama, los ojos eran la única parte de mi cuerpo que había quedado lejos de las zarpas del cansancio y ya los había conquistado.
Cerrar los ojos no era una cura ni una solución: las pesadillas me persiguieron toda la noche, pero mis ojos no querían abrirse para cesar el suplicio. Llegó la mañana nublada y con ella, dejé de sufrir en sueños y me preparé para degustar la amargura de la vigilia. Sin embargo, algo parecía distinto. No era el suelo, ni la cama, nada me daba ninguna pista de lo que había cambiado, pero tenía la certeza de que un cambio se había producido.
Salí a la calle y vi que la gente era distinta conmigo, aunque ya no me despreciaban tanto como antes, tampoco es que me saludaran ni fueran amables, simplemente me ignoraban de la misma manera que se ignoraban entre ellos. Si pedía indicaciones, se me daban, pero no podía esperar una sonrisa ni que se me recordara, a pesar de yo recordarles a todos ellos. ¿Cómo era posible? ¿Qué les había sucedido para que me trataran de forma distinta?
Pasé por el escaparate que hay en el callejón donde se encontraba la casona donde había dormido y algo me llamó la atención. Si bien la tarde anterior pasó inadvertido, como esta vez no tenía nada que me nublara en exceso la mente, podía darme mejor cuenta de lo que aún no me había percatado y le presté atención. Vi un corazón latir de una forma más intensa de lo que jamás había visto, vi unos ojos pedir algo que los demás no sabían dar, ahora todo sí empezaba a cobrar el sentido completo que tenía. En ese momento, las nubes cargadas siguieron su camino hacia tierras sedientas y dieron paso a mi compañero el astro. Su luz reveló lo que estaba oculto ayudándome a recordar mi hogar. Comprendí que los demás no se escandalizaban de mí porque tenía sus mismas cadenas atando mi corazón al fondo de la desgracia, no dejándolo volar a su voluntad. Era ver su mismo dolor en los demás lo que les daba la seguridad de que nadie iba a reflejar otra cosa, que nadie haría evidentes las heridas que con tanto cuidado se encargaban de mantener, quitándoles su justificación para infligir daño, evidenciando su escasa voluntad de buscar soluciones a sus conflictos intrapersonales, su escaso contacto con sus sentimientos.
Abrí los ojos que durante tanto tiempo había mantenido cerrados y sin dudarlo me dirigí al edificio más alejado de todos los de aquella ciudad, a pesar de no saber el camino. Era un edificio no tan grande como me lo imaginaba, tal vez tuviera demasiadas esperanzas puestas en que hubiera más personas conocedoras de las que realmente había, a pesar de su consecuente encierro a raíz del miedo que generaban la incomprensión y el orgullo. Me percaté de que había una torre más alta que las demás, probablemente fuera el doble de alta. Supuse enseguida que las utilizaban para los más conocedores o, como se dice en esta ciudad, los desahuciados. Supe cuál era mi destino.
A medida que me acercaba, me iba dando cuenta de que la gente evitaba ese edificio y cuando no tenía más remedio que pasar por ese lugar, lo hacía corriendo con miedo y procurando no mirarlo. Una vez dentro, la gente se quedaba asombrada por mi determinación: no solían recibir gente y la poca gente que entraba, no era por su propia voluntad, bien fuera conocedor o trabajador del lugar. Aunque los guardias parecían tener un aire de reverencia hacia mí cuando me vieron llegar a la puerta de la torre, noté cómo sus miradas se clavaban en mi espalda y en mi nuca cuando hube cruzado el marco de la puerta, y cuando ya empecé a escuchar sus murmullos, me giré y vi cómo apresuradamente cerraban la puerta.
Cuando coloqué el pie en el primer escalón empecé a prepararme mentalmente para la larga escalinata que me quedaba y a compadecerme del desahuciado que tenía que vivir tan alejado de los demás. Cuando me quedaba tanta escalera como había recorrido ya, descubrí una ventana que no había visto al llegar: al mirar a través de ella, empecé a cambiar de opinión y a sentir cómo la altura aligeraba la carga emocional que los miedos de aquella gente depositaban en mi corazón, me daba la sensación de que iba a volar de un momento a otro. Cuando ya acababa de subir la escalera de caracol con la que había empezado a familiarizarme, me dí cuenta de lo afortunado que era el desconocido conocedor al que sabía que debía visitar: ya no había sombra de la carga que había estado asediando mis cuerpos. Me sorprendí al ver que la puerta que me separaba de mi destino era mucho más ligera de lo que solía ser el grueso acero allí abajo.
Una música reparadora inundó mi ser antes de llegar a ver al afortunado desahuciado: era la primera vez en esta vida que alguien o algo era capaz de ordenar las notas musicales así. Mis ojos fueron cegados por la luz que era reflejada tan intensamente desde un rincón de la habitación. En realidad, lo que sucedía era que hacía demasiado tiempo que no percibía algo tan delicioso que mis cuerpos se habían desacostumbrado a algo así. Pero en cuanto logré habituarme, mi alma volvió a conocer la pureza gracias al regenerador mar que encontraba en sus ojos. No hacían falta palabras, todo era comprensible, razonable y evidente.
El niño del que me despedí hacía tanto tiempo extendió su mano hacia mí. De repente mis ojos recobraron la capacidad de llorar y aprendieron a derramar líquido de alegría.
¡Qué bien que nos quedara tan poco para llegar al hogar!
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His head reflected the Sun, which was usually with us. His eyes allowed my soul to bathe in the purifying sea of his pupils. His smile and his happy look seemed to create the music that was alwaya surrounding us. My bodies stopped feeling the cotton cloud on which we were seated and they could only feel the air flowing as the ground was getting closer. He looked closer and closer. Soon before arriving, I lost sight of him and other clouds hid him. From below, everything seemed so ilimited...in that moment I could understand the reverence that people have for my home from there.
Publicado por
Pablo
en
9:53 AM
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